lunes, 7 de febrero de 2011

En aquel parque

Porque el estómago ya no aguanta que lo agoten.
Y el corazón se dejó escurrir como el agua.
En ésta noche solo deseaba volver a ver las estatuas de aquél parque, quienes han sido testigos de todos los recuerdos humanos que habitaron en éste lugar. Ellas no juzgan, se están quietas, esperando que la luna les de vida y belleza… a la madrugada de un sábado. Eran quienes más me escuchaban y comprendían.
Quedarme toda la noche entre árboles e insectos, ese era mi plan. El frío viento desquebrajaba mi cara, y mis ojos le huían a su dureza de vacío.
Me quedé sentada debajo de un gran paraíso, con las manos en los bolsillos. Antes que se volvieran de piedra.
El rocío me enfriaba la nariz y el cabello se mezclaba con la oscuridad y las sombras de los árboles.
El sonido de quienes invocan a la luna era todo lo que escuchaba, sumado a aquellos perros de la noche que aullaban para orientar a las almas perdidas.
Mientra  me ponía a pensar en la buena idea que hubiese sido traer un poco de ron para calentar el cuerpo, cerré los ojos y comencé a respirar aquello que parecía limpiarme por dentro.
Prometí que ya no iba a llorar por debilidad. Que lo haría por razones con voz.
Pero la garganta dolía. Y el silencio había estado gritándome y aturdiéndome toda la semana.
De mi casa al trabajo y del trabajo a dormir. Los días eran largos y eternos. Pero la felicidad en ellos era de segundos.
Majestuoso aquellos astros que nos iluminan en el cielo. En ese parque no había nada que alumbrar, excepto la tristeza de mis pupilas candadas.
Mi boca reseca ya no podía cantar, se había gastado las últimas canciones en rencores y odios.
¿A dónde iba a parar ésta noche?. Es lo que me preguntaba. Cuestionándome si debía ir de fiesta con aquellos que decían ser los mejores amigos que una melodramática podía tener. O simplemente quedarme ahí hasta que el sueño me quitara el poder de seguir pensando en todo aquello que me destruía.
Oh luna, desearía ver tus ojos. Encender por dentro el hielo que se ha creado en mi iris. Que tus rayos me sane, y se lleven los finales abiertos y las malas jugadas.
Ayúdame ésta noche, a encontrar esa paz que tanto necesito, y poder ver… realmente aquella mujer fuerte y de hierro que llevo en mí.
Ésta noche, que alguien caliente mi alma por mi. Ésta noche que una nueva partida, empiece para mí.
Rushi.-

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