Hoy quizás esté a un paso de la locura, y el miedo cubra mis ojos.
Pero ¡no me quedaré encerrada en éstas cuatro paredes! Me dije y salí de nuevo hacia aquel lugar.
Tenía que llegar cuanto antes, porque caminando tan rápido, con los auriculares tan aferrados a mis orejas y la música que me apunaba, bajaría un poco el nivel de nerviosismo.
La noche estaba a mi favor, el fresco me mantenía estable y el viento me lavaba la cara. Dude un poco al salir de casa, una mujer sola y entumecida, a la madrugada, era un buen blanco para cualquiera. De todos modos no tenía nada que perder y a lo sumo ganaría un poco de tranquilidad.
Pero mientras caminaba, empecé a repasar con dureza mis acciones del día. Lo fácil que es para algunas personas engañarme, lo difícil que es para mi conservar la paz y recordar que estoy hecha de paciencia. Y sobre todo, que estaba hablando sola.
Comencé por reírme y luego por preguntarme si de verdad todo esto no sería un problema. Sin darme cuenta y con todas esas preguntas en la cabeza había terminado en el mismo árbol que la otra vez. Las estatuas seguían sin juzgar y las sombras ya no estaban. Habían arreglado los faroles que estaban cerca de la fuente de agua y agregaron otras que iluminaban el camino de tierra que giraba en torno a todo el parque. Me sentía más segura a pesar de que ni siquiera tenía un encendedor para amenazar a alguien.
Cuando ago te queda en la cabeza rondando, es difícil sacártelo. Pensé y luego me di cuenta que todo sería más fácil si solo me dedicaba a respirar. Así que eso hice, respiré lento y profundo hasta que ni siquiera sabía porque discutía conmigo misma.
Un presentimiento salio de aquellos pensamientos. Podía imaginar que alguien me había estado observando. Pero era una cara muy borrosa y apagada. No sentí miedo pero si algo de curiosidad. No pude indagar más en mi mente. Pero sentí como si en ésta noche, esa cara se haría realidad.
Pero ¡no me quedaré encerrada en éstas cuatro paredes! Me dije y salí de nuevo hacia aquel lugar.
Tenía que llegar cuanto antes, porque caminando tan rápido, con los auriculares tan aferrados a mis orejas y la música que me apunaba, bajaría un poco el nivel de nerviosismo.
La noche estaba a mi favor, el fresco me mantenía estable y el viento me lavaba la cara. Dude un poco al salir de casa, una mujer sola y entumecida, a la madrugada, era un buen blanco para cualquiera. De todos modos no tenía nada que perder y a lo sumo ganaría un poco de tranquilidad.
Pero mientras caminaba, empecé a repasar con dureza mis acciones del día. Lo fácil que es para algunas personas engañarme, lo difícil que es para mi conservar la paz y recordar que estoy hecha de paciencia. Y sobre todo, que estaba hablando sola.
Comencé por reírme y luego por preguntarme si de verdad todo esto no sería un problema. Sin darme cuenta y con todas esas preguntas en la cabeza había terminado en el mismo árbol que la otra vez. Las estatuas seguían sin juzgar y las sombras ya no estaban. Habían arreglado los faroles que estaban cerca de la fuente de agua y agregaron otras que iluminaban el camino de tierra que giraba en torno a todo el parque. Me sentía más segura a pesar de que ni siquiera tenía un encendedor para amenazar a alguien.
Cuando ago te queda en la cabeza rondando, es difícil sacártelo. Pensé y luego me di cuenta que todo sería más fácil si solo me dedicaba a respirar. Así que eso hice, respiré lento y profundo hasta que ni siquiera sabía porque discutía conmigo misma.
Un presentimiento salio de aquellos pensamientos. Podía imaginar que alguien me había estado observando. Pero era una cara muy borrosa y apagada. No sentí miedo pero si algo de curiosidad. No pude indagar más en mi mente. Pero sentí como si en ésta noche, esa cara se haría realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario